Divorcio, ¿quién se queda con las mascotas?

Ante un divorcio o cuando una pareja se separa y tienen mascotas en común, suele haber disputas por ver quién se queda con el animal. Pueden darse varios casos, como que la pareja tiene claro que el propietario del perro siempre ha sido uno de los dos, hay casos en los que se llega a ir a los tribunales, y el peor de los casos, en el que es la mascota la que sale perdiendo, ya que ninguna de las dos personas quiere hacerse cargo de ella, y acaba siendo abandonada.

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Lo ideal es que la pareja fuera capaz de hablar tranquilamente sobre la situación en la que se encuentran ante la titularidad de la mascota. La solución perfecta sería llegar a un consenso, ya sea mediante una custodia compartida o mediante la custodia por parte de uno de los dos miembros de la pareja, sin tener que recurrir a los tribunales. Sería el caso del acuerdo amistoso, a través del cual se decide con quién se queda la mascota, sin que haya lugar a reclamaciones de ningún tipo.

No siempre ocurre esto, por lo que muchas parejas recurren a los tribunales para que se decida por ley la situación de la mascota.
Son varios los casos que se pueden dar si no hay acuerdo entre las parejas ante un divorcio o separación:

Por un lado, si el matrimonio o pareja se produjo en sociedad de gananciales, estaríamos hablando de una titularidad compartida. Por norma general, el juez declarará que la custodia del animal tendrá que ser compartida, fijando la custodia entre semana para uno de los miembros de la pareja y fines de semana para el otro, o bien por temporadas, en vacaciones lo tendrá uno, y en épocas de trabajo otro.

Por otro lado, si el matrimonio o pareja se produjo en sociedad de separación de bienes, la custodia del animal recaerá en su titular, ya lo haya adquirido antes del matrimonio o durante el mismo. Esto se tiene que demostrar mediante los documentos que acrediten que la mascota está a su nombre; estos documentos pueden ser un recibo de la adopción del animal, la factura de su compra, cartilla veterinaria a su nombre, etc.

Si no pudiera demostrarse la titularidad del animal, el juez decidiría la custodia según la defensa que haga cada uno de sus alegatos.

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En el caso de que en el divorcio haya también niños de por medio, la situación se complicaría, ya que una mascota, sobre todo los perros, suelen ser compañeros inseparables para los niños. Y esto supondría un problema, no todos los niños acceden a despedirse de sus mascotas, por lo que en estos casos sería ideal llegar a un acuerdo para que no sufran ni los niños ni los animales.

Además de todos estos casos, deberíamos pararnos a pensar que, aunque los animales no puedan expresarse con palabras como nosotros, ellos también sienten. En casos de divorcios las mascotas también sufren la separación, aunque no todos reaccionen del mismo modo. Es posible que el animal eche de menos al otro miembro de la pareja, o incluso puede sufrir una depresión con consecuencias como falta de apetito y un profundo abatimiento.
Este tipo de sufrimiento es más común en animales que tienen una relación más cercana a su amo, como suelen ser los perros o los gatos. Lo más habitual es que pasen un tiempo tristes, y tras un periodo de nostalgia, admiten que la otra persona ya no va a volver.

La manera más sencilla y menos dolorosa para cónyuges, hijos y mascotas es que se llegue a un acuerdo mutuo y pacífico. Con esto, además de ahorrar dinero, aseguramos el bienestar de nuestras mascotas, que es algo que muchas personas no tienen en cuenta a la hora de llevar a cabo esta situación de divorcio.

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